En muchas ocasiones he oído afirmaciones del tipo: “No me encuentro bien, pero tampoco estoy como para ir al psicólogo”, pero ¿cuándo es el momento de ir al psicólogo?

Bien es cierto que no hay una regla fija, no podemos medir cuánto malestar debemos experimentar antes de ir al psicólogo. Pero sí que existen algunas claves que deben darnos pistas sobre el momento de pedir ayuda. No necesariamente debemos tener un trastorno o esperar hasta no poder más para ir a consulta y beneficiarnos del asesoramiento u orientación psicológica. Quizás el momento sea cuando vemos que algo no funciona bien, que no podemos darle solución o no sabemos cómo y el problema empieza a extenderse a otras áreas de nuestro día a día.

Algunos de los puntos que debemos observar para saber si es conveniente buscar ayuda especializada son:

  • Si experimenta malestar, sin que haya una causa física, que no mejora.
  • Si las preocupaciones, el estrés, la tristeza, la irritabilidad… están comenzando a afectar a su vida familiar, social, personal o laboral.
  • Cuando se sienta bloqueado o bloqueada, como si no supiera o pudiera poner orden en su vida.
  • Si sospecha que aquello que le servía de vía de escape ahora se está convirtiendo en una adicción (la bebida, el tabaco u otras drogas, las compras, el juego, el móvil, chats…)
  • Si ha sufrido una pérdida dolorosa o separación y le está costando demasiado sobreponerse.
  • Si están cambiando sus pautas de sueño y/o alimentación, por exceso o por defecto.
  • Si ha tratado de mejorar o cambiar aquello que le preocupa y no lo consigue o, incluso, empeora.

También debemos prestar atención a niños y adolescentes:

  • Si están tristes, melancólicos o irritables.
  • Si observa cambios en la alimentación o el sueño.
  • Cuando percibe que el clima familiar se está deteriorando por los continuos conflictos.
  • Si sospecha que puede existir adicción a sustancias, al móvil, a videojuegos…
  • Cuando reciba quejas o notificaciones del colegio o instituto de forma reiterada.
  • Si le preocupa que el desarrollo madurativo, psicológico o social de su hijo o hija no es el adecuado.

En definitiva, las situaciones que pueden hacerle consultar al psicólogo son muchas y muy diversas y es cada persona la que debe estimar el momento de acudir a la consulta en caso de creerlo conveniente.

Me parece oportuno apuntar que no toda visita al psicólogo deriva en una terapia de meses, a veces es suficiente con dos o tres sesiones para poner en orden la ideas y volver a funcionar como nos gustaría.

Por último, toda persona que asiste a la consulta de un psicólogo debe saber que su intimidad quedará totalmente preservada.